Las lecciones de El Principito

“Lo esencial es invisible a los ojos”: una de las frases más icónicas de la obra, dicha por el personaje del zorro, enseña que las cosas más sublimes (como el amor, la amistad y los sentimientos) no se perciben con la vista, sino con el corazón. El Principito aprende a mirar más allá de las apariencias. Esto se refleja en su relación con la rosa, donde descubre que su valor no radica en su apariencia, sino en el tiempo y el cariño que le dedicó.

El encuentro con el zorro enseña al Principito sobre la “domesticación”, que implica crear lazos significativos con los demás. Aprende que al “domesticar” a alguien o algo, se asume una responsabilidad. Esto implica servir y proteger aquello que es afin, incluso a costa de sacrificios.

El libro critica la forma en que los adultos suelen perder la capacidad de maravillarse y centrarse en lo trivial (como números, poder o riqueza). Los niños, como el Principito, ven el mundo con curiosidad y simplicidad, lo que les permite captar lo verdadero. Cada personaje que el Principito encuentra (el rey, el vanidoso, el borracho, el hombre de negocios, etc.) representa actitudes adultas limitadas y egoístas. Estas interacciones muestran cómo las perspectivas estrechas pueden alejarnos de los buenos principios.

La historia, con su tono melancólico, subraya que la vida es efímera pero hermosa, y que los momentos compartidos con otros son los que le dan valor. El Principito, al viajar por diferentes planetas y cuidar de su pequeño asteroide, muestra una relación de respeto y armonía con el universo, invitando a valorar nuestro lugar en el cosmos.

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