Guillermo Arriaga disecciona algo de la historia entre Estados Unidos y México.

Nacido en México en 1958, Guillermo Arriaga es un autor y guionista. Se ha consolidado como una de las voces fundamentales de la narrativa contemporánea, con una reconocida maestría en la creación de estructuras complejas y no lineales que desafían al lector.

El argumento central de El Hombre sigue el rastro genealógico de una de las familias más conspicuas de Estados Unidos para revelar el origen sangriento sobre el que se construyó su inmensa fortuna. La novela se centra en la figura de Henry Lloyd, un patriarca de pasado incierto, tan admirado como temido.

A mediados del siglo XIX, Lloyd, junto a un ejército de esclavos liberados y sus dos hijos bastardos, logra forjar un imperio apoderándose de buena parte del sur de Estados Unidos. La complejidad moral del protagonista es uno de los ejes de la obra: es un hombre que ascendió desde la más absoluta pobreza gracias a su “férrea determinación y una moral ambigua”, capaz de ser a la vez un patrón justo e igualitario y el más despiadado de los conquistadores.

La siguiente cita encapsula el espíritu brutal y descarnado que recorre la novela:

Editorial Alfaguara

La novela abarca un extenso período cronológico que va desde 1816 hasta 2024. Fiel a su estilo, Arriaga construye la biografía de Henry Lloyd no de forma lineal, sino a través de la convergencia de historias fragmentadas. Este método, lejos de ser un mero ejercicio intelectual, está arraigado en su propia neurología; Arriaga ha explicado que sufre de un “déficit de atención” que le permite “unir cosas dispares porque así funciona mi cerebro”.

Esta compleja arquitectura narrativa no nace de un plan preconcebido. Como lo describe el propio Arriaga: “No construyo una novela, se me revela”. Esta afirmación no es una simple figura retórica, sino el reflejo de su proceso como cazador: se adentra en el territorio de la historia sin mapa ni brújula, guiado únicamente por el instinto, descubriendo la trama a medida que sigue el rastro de sus personajes.

En El Hombre, Arriaga “va lentamente pelando las capas del liberalismo estadounidense hasta descubrir una base fundada en la explotación y la violencia”. La obra aborda de manera cohesiva la convulsa formación de Estados Unidos como potencia económica, la conquista y expoliación de los territorios que antes pertenecían a México, y la herida profunda y aún abierta de la esclavitud.

Arriaga demuestra cómo el impacto de este periodo histórico sigue resonando en la América actual, conectando el pasado con las tensiones del presente. Su exploración de un “progreso sentado en un trono de sangre” resuena con el peso trágico e histórico que se encuentra en la obra de sus maestros reconocidos, como William Faulkner. Él mismo admite que estas temáticas surgen de un lugar profundo e incontrolable, afirmando que “El inconsciente es quien escribe, no el raciocinio”.

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