El loco de Dios en el fin del mundo, del escritor español Javier Cercas, narra una experiencia verídica: el viaje que emprendió junto al Pontífice Francisco a Mongolia en agosto de 2023. Cercas, se embarca en esta travesía, impulsado por una misión personal e íntima: interrogar al líder espiritual sobre la existencia de la vida eterna y la resurrección de la carne para llevar una respuesta a su madre, una devota católica en el tramo final de su vida.

Utilizando los recursos de la narrativa sin inventar el material de fondo, Cercas explora las tensiones entre fe y razón, la figura enigmática de Jorge Mario Bergoglio, el estado de la Iglesia Católica en el siglo XXI y el anhelo humano universal de trascendencia. La génesis del libro es tan singular como su contenido. En mayo de 2023, mientras Javier Cercas firmaba ejemplares en el Salone del Libro de Turín, Lorenzo Fazzini, responsable de la editorial de la Santa Sede, se le acercó con una propuesta sin precedentes: invitarlo a acompañar al Pontífice Francisco y su comitiva a Mongolia para escribir un libro con total libertad creativa. Era excepcional que el Vaticano abriera sus puertas de par en par a un escritor, y lo hacía precisamente a uno con un perfil antagónico a la institución.
La primera reacción de Cercas fue de incredulidad: “¿Se han vuelto ustedes locos o qué?”. Sin embargo, la curiosidad intelectual y, sobre todo, la devoción de su madre, lo llevaron a considerar la oferta. Aceptó bajo una única condición: poder conversar a solas con el Pontífice durante cinco minutos para plantearle su pregunta sobre la vida después de la muerte. Esta exigencia fue aceptada.
Detallando minuciosamente el viaje papal a Mongolia, describe la parafernalia mediática, las medidas de seguridad, los discursos oficiales y las conversaciones informales. Construye un retrato complejo de Francisco, indagando en su pasado en Argentina y en las contradicciones de su papado. El “yo narrador” de Cercas es central, exhibiendo su propia historia de fe perdida, su “nostalgia de Dios” y su conflicto interno.
Cercas se presenta como el “loco sin Dios”, una figura inspirada en el personaje de Nietzsche que anuncia la muerte de Dios. Se define como “racionalista contumaz” y “un impío riguroso”. El gran esfuerzo que se impone es llegar al Vaticano “con los ojos limpios”, despojado de los prejuicios a favor y en contra que saturan la percepción pública de la Iglesia. Su objetivo no es atacar ni defender, sino comprender. Esta aventura, según sus propias palabras, lo “cambió de arriba a abajo”, volviéndolo más humilde y respetuoso con la fe ajena, y superando un anticlericalismo que califica “de patio de colegio”.

Francisco, proveniente de Argentina, se definió a sí mismo como alguien llegado “casi del fin del mundo”. Que intentó llevar a cabo una revolución para devolver la Iglesia al “cristianismo de Cristo”: un movimiento subversivo, un contrapoder centrado en los pobres y marginados. Sin embargo, su pasado en Argentina está ligado a acusaciones de autoritarismo por parte de otros jesuitas durante los años setenta. También atacó el clericalismo, al que definió como “el cáncer de la iglesia”, por considerar que la superioridad moral del clero es contraria al Evangelio. Y se reveló como un defensor radical del humor como virtud espiritual, afirmando que “lo más cercano a la gracia divina es el sentido del humor”.

El hilo conductor de la novela es la pregunta de Cercas a Francisco, formulada en nombre de su madre: “¿Va mi madre a encontrarse con mi padre cuando muera?”. Esta búsqueda, calificada de “tierna” e “infantil”, dota a la obra de una dimensión universal sobre el miedo a la muerte y el anhelo de inmortalidad. Francisco le asegura al escritor que “la vida eterna se cumple a cada minuto y en cada día”. El libro concluye con un epílogo cargado de emoción. La madre de Cercas falleció el 1 de diciembre de 2024. Poco después, el autor recibe una llamada telefónica inesperada del propio Pontífice para ofrecerle consuelo. En ese momento, Cercas confiesa que la “locura absoluta” de la resurrección comenzaba a parecerle menos insensata.
Mongolia no es un destino casual, sino una metáfora del pontificado de Francisco. Es un país mayoritariamente budista con apenas 1.500 católicos, donde la fe se sostiene sin la protección de la tradición. El viaje también responde a cuestiones geopolíticas, en particular a la tensa relación entre el Vaticano y China. Cercas descubre una Iglesia que funciona casi como una ONG, con misioneros que, en lugar de hacer proselitismo, “acompañan la vida de la gente”, ayudando a ancianos, mujeres maltratadas y niños. Para Cercas, estos misioneros son los verdaderos héroes del libro.
A través de entrevistas con altos cargos del Vaticano (jesuitas, cardenales, teólogos), Cercas explora las complejidades de la institución. Las nociones de misericordia y discernimiento son presentadas como las claves para entender la visión de Francisco. El libro aborda sin filtros los temas más incómodos: los abusos sexuales como una forma de abuso de poder, la corrupción, la pérdida de fieles en Occidente y el debate sobre el celibato. Cercas concluye que la revolución de Francisco para devolver la Iglesia a sus orígenes evangélicos no es triunfante, ya que es una tarea que requeriría “25 o 55 papas”. Sin embargo, valora que al menos “planteó los problemas”.
El título de “loco de Dios” hace referencia a una tradición hagiográfica, encarnada por figuras como Francisco de Asís, de quien Bergoglio tomó su nombre papal. El “Loco por Cristo”: Es una figura presente en la Iglesia Oriental (saloi) y Occidental, que adopta una aparente estulticia (real, fingida o imputada) para esconder la sabiduría divina y desafiar la sabiduría mundana. Francisco de Asís se presentaba como un “juglar de Dios”, e Ignacio de Loyola instaba a los jesuitas a desear “ser tenidos y estimados por locos”. Esta tradición vincula la locura sagrada con una auténtica humildad y una natural obediencia a Dios, oponiéndose a cualquier soberbia.
El lanzamiento del libro estuvo marcado por una notable coincidencia: el Pontífice Francisco falleció en Roma el 21 de abril de 2025, a los 88 años, pocos días después de la publicación de la obra, lo que le añadió un carácter de documento de vibrante actualidad y testamento involuntario.

Portada: Penguin Random House




