En la visión contemporánea, la ansiedad es un trastorno psicológico, una patología que debe ser diagnosticada y, a menudo, medicada. Sin embargo, el filósofo Samir Chopra nos invita a reconsiderar esta perspectiva. En su libro “Ansiedad: una guía filosófica”, Chopra presenta una investigación provocadora: la ansiedad no es solo una enfermedad, sino una parte normal, inevitable y esencial de nuestra condición humana. Su exploración no es meramente académica; combina un riguroso análisis filosófico con su experiencia personal de duelo tras la pérdida temprana de sus padres. Según Chopra, el verdadero problema no es la ansiedad en sí, sino nuestro moderno empeño en patologizar y tratar de eliminar una condición que, en realidad, nos define.

Para entender la ansiedad, Chopra, al igual que Freud y Kierkegaard antes que él, traza una línea divisoria crucial: el miedo es una reacción a un objeto concreto y amenazante; tememos a algo que podemos identificar. La ansiedad, en cambio, es su contraparte sin forma, un temor a algo que no podemos nombrar, entender o localizar. Es esa sensación de que algo malo va a suceder, pero sin poder señalar exactamente qué. Chopra también la describe como “ansiedad anticipatoria”: el miedo a sentir miedo en un futuro que es posible, pero aún no se ha concretado. Es, en esencia, el temor a un temor futuro.
Chopra argumenta que la ansiedad es una experiencia universal. A diferencia de otros seres, vivimos en una temporalidad que sabemos conscientemente que es finita. No solo nuestro tiempo es limitado, sino que somos plenamente conscientes de que se está acabando, momento a momento. Nos preocupa y nos interesa lo que vendrá, lo que nos depara el destino y cómo nos sentiremos al respecto.

Y aquí reside la paradoja más cruel: a pesar de nuestra insaciable curiosidad por lo que vendrá, somos incapaces de controlar o modificar el futuro con la certeza que anhelamos. Como dice Chopra, este conjunto de condiciones nos sitúa en una posición peculiar y precaria que, inevitablemente, genera ansiedad. Esta consecuencia no es un descubrimiento moderno; es una realidad que ha ocupado a las mentes más brillantes de la historia, quienes buscaron en la filosofía no una cura, sino un mapa. Chopra recurre a diversas corrientes no para eliminar la ansiedad, sino para comprenderla.
Desde la perspectiva budista, la ansiedad está íntimamente ligada al concepto de dukka (sufrimiento o insatisfacción con la existencia). El budismo atribuye este sufrimiento a un profundo “fallo de conocimiento”: nuestra creencia errónea en la existencia de un “yo” idéntico y duradero que perdura a través del tiempo. Chopra lo explica de manera contundente: si no existe tal “yo” permanente, entonces nuestras preocupaciones sobre sus futuras fortunas y desgracias se basan en una tremenda confusión sobre quiénes somos realmente.

En el mismo tenor, el existencialismo no ve la ansiedad como un defecto, sino como una revelación. Chopra se centra en dos pensadores clave:
Søren Kierkegaard
Para él, la ansiedad es el vértigo que sentimos al encontrarnos con nuestra propia libertad. Es el momento en que nos damos cuenta de las infinitas posibilidades que tenemos ante nosotros y de la abrumadora responsabilidad de elegir nuestro camino.
Martin Heidegger
Consideraba la ansiedad como un “estado de ánimo” fundamental que nos revela la naturaleza contingente de nuestra existencia. La ansiedad levanta el “velo de significado” que imponemos al mundo para sentirnos seguros. Como ocurre en la novela La Náusea de Sartre, cuando el protagonista mira las raíces de un árbol y siente asco al verlas en su “desnudez”, en su pura existencia, despojadas de propósito y función. En esos momentos, la ansiedad nos muestra las cosas tal como son, sin un propósito predefinido.
También Chopra aborda una crítica importante de pensadores como Herbert Marcuse, quien advertía que predicar la aceptación de la ansiedad podría fomentar el conformismo social y la pasividad ante la injusticia. Si aceptamos nuestro sufrimiento como inevitable, ¿perderemos el impulso de cambiar el mundo? La respuesta de Chopra es un rotundo no. Al contrario, argumenta que el reconocimiento de nuestra ansiedad debería impulsarnos al activismo. Un ser destinado a ser ansioso, sostiene, debería estar especialmente interesado en organizar un mundo que no agrave innecesariamente esa condición básica con injusticias, pobreza y opresión.
La propuesta central de Chopra es aprender a vivir con la ansiedad en lugar de intentar erradicarla. Sostiene que incluso si lográramos resolver todas nuestras aflicciones materiales y clínicas —la pobreza, la enfermedad, los trastornos diagnosticados—, la ansiedad existencial permanecería. Seguiríamos enfrentándonos a la finitud, la pérdida y la muerte.

Como señala Chopra con un ejemplo contundente: “Jeff Bezos puede tener 70 mil millones de dólares en el banco… pero no podrá salvarse de las desgracias que sabe que son su lote inevitable como ser humano, de la muerte de sus compañeros de escuela o de la muerte de aquellos a quienes ama”. Aceptar esta realidad es una poderosa forma de autoconocimiento, una lección que el propio Chopra aprendió no en un seminario, sino en el crisol del duelo. Nuestras ansiedades nos informan sobre quiénes somos y, sobre todo, qué valoramos. Como él mismo afirma, la ansiedad puede ser una “fuente no solo de sufrimiento sino de introspección”.
En última instancia, Chopra nos muestra que la ansiedad es el motor de la investigación filosófica (“estoy ansioso, por lo tanto, indago”) y una parte ineludible de lo que significa ser humano. Pero la lección más valiosa que extrae de su análisis es de carácter ético y humanista. El reconocimiento de que todos somos “compañeros de sufrimiento” bajo las mismas condiciones existenciales es la causa directa que debería inducir en nosotros no la desesperación, sino una creciente compasión y amor por los demás. Como él espera, al mirar a nuestro alrededor, vemos a otros “sufrientes”, y este reconocimiento “debería llevarnos a tratar a los demás con amabilidad y compasión”. En un mundo ansioso, la compasión es nuestro anclaje más firme.





