Confucio es la forma latinizada de Kong Fuzi (Maestro Kong). Según las fechas tradicionales, vivió entre el 551 y el 479 a.C. Lejos de presentarse como un creador de ideas nuevas, Confucio se veía a sí mismo como un custodio y transmisor de la sabiduría ancestral, una convicción que él mismo expresó con claridad: “No creo nada, lo que hago es transmitir. Tengo confianza en lo antiguo, que es lo que me gusta” (Analectas 7.1). Su labor fue la de recopilar y reinterpretar el conocimiento del pasado para ofrecer una guía moral.

A diferencia de la tradición filosófica griega, cuya pregunta fundamental era “¿Qué es la realidad?”, el punto de partida de Confucio es otro: “¿Qué he de hacer?”. Su objetivo final es el autoconocimiento y el perfeccionamiento propio. Convirtiendo la ética individual en el pilar de un gobierno justo.
El corpus del pensamiento confuciano se encuentra principalmente en Los Cuatro Libros y Cinco Clásicos. Mientras que los Cinco Clásicos eran textos preexistentes y más antiguos que, según la tradición, Confucio compiló y editó, los Cuatro Libros fueron seleccionados mucho más tarde como la introducción esencial a su filosofía. Su importancia fue tal que, durante las dinastías Ming y Qing, los Cuatro Libros se convirtieron en el núcleo del temario para los exámenes imperiales, la prueba obligatoria para acceder a la burocracia estatal.
Los Cuatro Libros son:
Gran Saber (Dà Xué)
Doctrina de la medianía (zhōng yōng)
Analectas de Confucio (Lún Yǔ)
Mencio (Mèngzǐ)
Las Analectas son el latido del pensamiento confuciano, un texto cuya influencia en el alma china es comparable a la de los Evangelios en Occidente. Se trata de una compilación de las charlas que Confucio impartió a sus discípulos, quienes las registraron y organizaron tras su muerte. Su título original, Lún Yǔ, se traduce como “discusiones sobre las palabras”, reflejando su naturaleza dialógica y aforística.
El Gran Saber, atribuido a Confucio y comentado por su discípulo Zengzi, ofrece una hoja de ruta para la virtud, un revolucionario método que conecta la psicología individual con el orden geopolítico. Sostiene que para ordenar el mundo, primero es necesario ordenar el Estado; para ello, se debe regular la familia; y para regular la familia, es imprescindible el perfeccionamiento de uno mismo.

La Doctrina de la Medianía, atribuida tradicionalmente al nieto de Confucio, Zisi, desarrolla el concepto del “justo medio” (zhong yong) como una virtud de primer orden. La medianía representa el ideal de equilibrio, moderación y armonía, enseñando que se deben evitar los extremos en todas las acciones. Sin embargo, este no es un mero consejo filosófico, sino un imperativo cósmico y político. Su autoridad emana del testimonio de los “Santos Emperadores” de la antigüedad y está respaldada por el “Mandato del Cielo”, lo que le confiere un peso cultural inmenso. Esta idea muestra puntos en común con el concepto griego de la “dorada medianía” de Aristóteles.
Mencio (Mèngzǐ), el seguidor más eminente de Confucio, expandió y sistematizó las enseñanzas del maestro. Su principio fundamental es que el ser humano es bueno por naturaleza. Según Mencio, todo individuo nace con cuatro sentimientos naturales, o “brotes”, que, si se cultivan adecuadamente, florecen en las virtudes cardinales del confucianismo.
Estos cuatro sentimientos son:
El sentimiento de compasión, que desarrolla la benevolencia.
El sentimiento de vergüenza, que desarrolla la rectitud.
El sentimiento de respeto y modestia, que desarrolla la urbanidad.
El sentimiento de discernimiento (lo que está bien y mal), que desarrolla la sabiduría.
En el ámbito político, Mencio defendía que el bienestar del pueblo era la principal responsabilidad del gobernante. Su pensamiento era radical: un soberano que ignora las necesidades de su pueblo y gobierna con dureza pierde el Mandato del Cielo y deja de ser un verdadero gobernante. En tal caso, el pueblo tiene el derecho de deponerlo o incluso de ejecutarlo, pues ya no es más que un tirano.
Durante la dinastía Song, el confucianismo experimentó una revitalización conocida como neoconfucianismo, y Zhu Xi fue su figura más destacada. Fue él quien seleccionó y fijó los textos de Los Cuatro Libros y escribió los comentarios que se convertirían en la interpretación ortodoxa durante siglos. Zhu Xi también desarrolló las teorías metafísicas del li (el principio racional que subyace en todo) y el qì (la fuerza vital o material que constituye todas las cosas), conceptos que dieron forma de manera fundamental a la cosmovisión china.





