Giuliano Da Empoli es una figura singular en el análisis político contemporáneo, destacándose como ensayista y novelista. Su trayectoria combina su formación académica con una experiencia práctica en las altas esferas del poder. Su carrera incluye roles significativos en la política italiana, como Vicealcalde de Cultura en Florencia y asesor principal del ex primer ministro italiano Matteo Renzi. Esta inmersión en el funcionamiento interno de la democracia le otorga una credibilidad y una perspectiva únicas para analizar sus vulnerabilidades.
Su reconocimiento internacional se consolidó con su obra debut, Le Mage du Kremlin (El mago del Kremlin), galardonada con el prestigioso Grand Prix du roman de l’Académie française en 2022. Esta obra, inspirada en la figura de Vladislav Surkov, asesor de Vladimir Putin, explora las dinámicas de manipulación de la realidad en el poder autocrático, sentando las bases conceptuales para su ensayo posterior, La hora de los depredadores.

En su libro La hora de los depredadores (Seix Barral, 2025), Da Empoli presenta un diagnóstico crítico sobre la erosión de las democracias occidentales frente a una nueva élite. Da Empoli establece un paralelismo entre la reacción del emperador azteca Moctezuma II ante la llegada de Hernán Cortés y la actitud de los líderes occidentales frente a los “conquistadores tecnológicos” de las últimas tres décadas.
Así como Moctezuma, atenazado por la duda sobre si los visitantes eran bárbaros o dioses, optó por no decidir y enviar regalos, los políticos occidentales han recibido a los oligarcas tecnológicos con “bombo y platillo”, suplicando por centros de investigación y contentándose con un “selfi deprisa y corriendo”. En ambos casos, esta docilidad no garantizó la supervivencia.

Da Empoli identifica dos categorías principales de “depredadores” modernos’:
Depredadores político-verticales
Líderes con un estilo de liderazgo agresivo y vertical, a menudo asociados a valores tradicionales o “nacional-populistas”. Los ejemplos incluyen a Donald Trump, Nayib Bukele, Vladimir Putin, Jair Bolsonaro, Javier Milei y Mohammad bin Salmán (MBS). Da Empoli los encuentra inspirados en figuras históricas como César Borgia y en los personajes descritos por autores clásicos como Tácito, Suetonio, Juvenal y Petronio. Su acción se basa en un instinto “ancestral, casi primitivo” de ejercicio autocrático del poder, que “no quiere dar explicaciones, que no quiere matices”.
Depredadores tecnológicos
Los fundadores y líderes de las grandes plataformas digitales y empresas de IA, como Elon Musk y Sam Altman. Se caracterizan por una mentalidad posnacional e incluso “post-humana”. Durante mucho tiempo fueron percibidos como “progresistas amables”, pero en realidad han construido un entorno que refuerza a los agresores y al caos.
Aunque sus focos ideológicos son opuestos (tradicionalismo vs. futurismo), estos dos grupos están unidos por un objetivo común y definitorio:
“Lo que tienen en común es que ninguno quiere reglas. No quieren límites. No quieren élites políticas que los detengan. (…) Así que la democracia liberal no es muy buena para ellos. Les gustaría otra cosa, un sistema un poco más autoritario.” (Giuliano Da Empoli).

Su propósito es el “asalto al sistema”, buscando liquidar el Estado de derecho y las instituciones que lo protegen. Esta convergencia es tácticamente poderosa: los políticos obtienen los canales de disrupción tecnológica, mientras que los tecnólogos obtienen la promesa de un entorno sin regulación ética o legal.
Da Empoli predice un desplazamiento de la política del centro hacia los extremos, una lógica que denomina la “época de carnaval”. Impulsado por el descrédito de las instituciones y una inmensa “ira” social, los valores establecidos se invierten. La experiencia política se vuelve un pasivo, la inexperiencia un activo. El discurso racional es sustituido por “locuras gritadas al viento”. Esta convulsión masiva crea un vacío que el depredador llena, presentándose como el único agente capaz de actuar fuera de un sistema percibido como lento y corrupto.
La táctica central de los depredadores consiste en prometer resultados visibles e inmediatos a cambio de la anulación de los límites legales. Su estrategia se resume en la frase:
“Rompemos las leyes, pero hacemos milagros” (Giuliano Da Empoli)
Esta promesa redefine el debate político, enfrentando la “forma” (el debido proceso, la legalidad) con el “contenido” (el resultado tangible). Los defensores de la democracia argumentan desde la legalidad (“no se pueden hacer” ciertas cosas), posicionándose en el ámbito de la forma. El depredador responde centrándose en el resultado, devaluando el procedimiento democrático, que es presentado como obstrucción y privilegio de las élites.
Ejemplos patentes son los siguientes:
Nayib Bukele (El Salvador): Reducción drástica del crimen mediante la suspensión del Estado de derecho.
Donald Trump (Estados Unidos): Solución a la inmigración a través de la transgresión legal.
Javier Milei (Argentina): Reducción de la inflación rompiendo tabúes económicos. Milei es visto como un modelo avanzado de esta unión, al conjugar la agresividad política con la ideología de Silicon Valley que promueve la anulación del Estado.
Este enfoque impulsa la tendencia hacia la democracia iliberal: regímenes que mantienen una fachada electoral pero eliminan los contrapesos y las libertades civiles.
El dominio del entorno digital, o “infosfera”, es el factor que permite a los depredadores modernos operar a escala global y superar las limitaciones del poder estatal convencional. La infosfera (redes sociales, IA) opera bajo un principio de asimetría crítica: existe un desequilibrio estructural entre las “capacidades ofensivas y defensivas”. Difundir noticias falsas o lanzar campañas de odio tiene un costo ínfimo. Mientras que defender la verdad requiere periodismo, verificación, tiempo y recursos, lo que exige un “gran esfuerzo”.
Esta asimetría otorga una ventaja a los líderes agresivos que desprecian los matices, ya que la velocidad del ataque digital desincentiva la deliberación racional y amplifica el caos del “Carnaval Político”.

Las grandes plataformas tecnológicas ejercen una gobernanza de facto sin estar sujetas a la responsabilidad democrática. Da Empoli lo ilustra con la metáfora de la aplicación Waze:
“Un pueblo francés tranquilísimo, de pronto empieza a ser atravesado por miles de autos y camiones. (…) El intendente (…) no tarda en averiguar qué pasa: Waze ha descubierto que por ese camino el viaje a París se hace unos minutos más corto. (…) El problema de Waze es que no hay número de teléfono, nadie con quien hablar. Waze, en Francia tiene 17 millones de usuarios y ni un solo empleado.”
Este ejemplo demuestra cómo la tecnología puede gobernar la vida cotidiana, debilitando al Estado. Las democracias han sido “pusilánimes” al no imponer reglas a estas entidades cuando su poder estaba en crecimiento.

Ante este desafío, Da Empoli propone rechazar la “retórica insoportable” de que la tecnología tiene reglas intrínsecas que no pueden ser reguladas. La acción política debe ser audaz y orientada a “expandir el campo de la ambición”, reconociendo que el problema no es la tecnología en sí, sino la falta de voluntad política para controlarla. Si los depredadores expanden lo posible a través de la transgresión, las democracias deben hacerlo mediante una acción colectiva y visionaria.
La única respuesta efectiva es crear un contrapoder de escala equivalente. Da Empoli, como pro-europeo convencido, aboga por una “federalización pragmática de la Unión Europea”.
Solo una entidad del tamaño de una UE federalizada puede imponer regulaciones efectivas a las Big Tech, que superan la riqueza y velocidad de los estados-nación individuales. Permitiría a Europa establecer un modelo normativo de democracia liberal para la IA y el ecosistema digital. El objetivo es forjar un tercer modelo de gobernanza tecnológica, una alternativa democrática y regulada frente al modelo “autoritario y centralizado de China” y al “distópico-corporativo de Estados Unidos”.




