Informe de una mona para la academia: Heike Behrend

Heike Behrend es una antropóloga social. Estudió etnología y ciencias de la religión en las universidades de Múnich, Viena y Berlín. Además de sus publicaciones académicas, dirigió documentales, como “Satanás crucificado: Una caza de brujas católica en el oeste de Uganda” y “María Akatsa: Una profetisa en Nairobi”.

Su libro “La humanización de un mono: Una autobiografía de la investigación antropológica” relata las investigaciones que hizo en África Oriental. A finales de los años 70, realizó su trabajo de campo en las montañas Tugen de Kenia conviviendo con los lugareños de Bartabwa. Allí, los habitantes la llamaban mona. Behrend explica que este término no es despectivo, sino que se usa para referirse a los niños, quienes se consideran en proceso de transformación de simios a humanos. 

Foto: Heike Behrend

A mediados de los 80, se trasladó al norte de Uganda, una región sumida en guerra civil. Allí, su indagación se centró en el surgimiento de grupos rebeldes de carácter religioso-mesiánico. Ella fue una de las principales investigadoras de la figura de Alice Auma, una joven de la etnia acholi que, tras ser poseída por un espíritu llamado Lakwena (“el mensajero”), fundó el Movimiento del Espíritu Santo. Behrend se dedicó a estudiar cómo los combatientes creían que aceites mágicos los protegían de las balas y la idea de la gente que entendía la guerra como un acto de purificación espiritual. 

En este contexto bélico, la población y los rebeldes dejaron de verla como una simple curiosidad biológica (mona), para sospechar que era una espía o, peor aún, un mal espíritu. Estas experiencias dieron lugar a su obra académica: “Alice Lakwena and the Holy Spirits”, donde analiza la transición de este movimiento hacia lo que más tarde se convertiría en el brutal Ejército de Resistencia del Señor (LRA) de Joseph Kony.

Ilustración: Esta imagen muestra un mural de Alice Lakwena (también conocida como Alice Auma). Fundadora del The Holy Spirit Movement. Autoproclamada profetisa de Dios y comandante en jefe de sus fuerzas militares.

Durante la epidemia de SIDA en el oeste de Uganda, Behrend revela que la afección fue percibida como una consecuencia de la transgresión de normas morales o como una forma de castigo divino. En la misma línea, documentó el estigma que transformaba la identidad de los enfermos, quienes pasaban a ser vistos bajo categorías de exclusión similares a las que ella misma experimentó, como mal espíritu o portadores de desgracia. 

Behrend señala el modus operandi de la Iglesia Católica en Uganda, específicamente en la región de Tooro, cuando respondió a la crisis del SIDA durante la década de 1990 a través de una organización de laicos llamada Uganda Martyrs Guild (UMG), intentando “sanar” la desolación provocada por la altísima tasa de mortalidad de la epidemia. Ante la incapacidad del gobierno local para gestionar la crisis, la UMG organizó cruzadas para identificar a supuestos brujos. En la cosmología local de Tooro, se creía que los brujos mataban a las personas para luego resucitarlas y comérselas, una narrativa que se intensificó con las muertes masivas. 

El hecho de que los brujos comieran a los resucitados también se convirtió en una prueba simbólica del desgaste físico que sufrían los enfermos de SIDA. La Iglesia utilizó estas prácticas para recuperar influencia frente a la expansión de iglesias pentecostales y para llenar el vacío de autoridad dejado por un estado corrupto. Behrend argumenta que, aunque la UMG buscaba limpiar el país y contener la violencia, sus acciones terminaron reforzando y difundiendo la fe en lo oculto, participando así en la propia producción de la atmósfera de terror que intentaban combatir. 

Foto: Santuario de los Mártires de Uganda. Se trata de una basílica católica romana en Namugongo. Es el principal centro de peregrinación en África para los Uganda Martyrs.

En la costa keniana, Behrend trato con los fotógrafos callejeros del ferry de Likoni en Mombasa. Los clientes posaban frente a telones pintados que representaban aeropuertos, aviones de alta tecnología o destinos internacionales. En el contexto musulmán, apuntó cómo se negociaba la visibilidad, especialmente de las mujeres, mediante técnicas de velado y enmascaramiento. Subraya que la fotografía en Mombasa era un ritual donde se precisaba quién podía ser visto, cómo y bajo qué condiciones.  

Los fotógrafos no se limitaban a tomar retratos convencionales, sino que reciclaban imágenes de los medios de comunicación de masas —revistas, periódicos, carteles publicitarios— para integrarlas en sus composiciones. Creando escenarios ficticios donde el cliente aparecía como viajero cosmopolita, héroe moderno o figura de éxito. Estas imágenes permitían proyectar aspiraciones de prestigio, incluso si la vida cotidiana estaba marcada por evidentes limitaciones económicas. 

Portada del libro: Herder Editorial 
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