La tiranía de la elección: según la autora Renata Salecl

Abres una plataforma de streaming y el vértigo te paraliza. Cientos de series y películas te observan desde un mosaico infinito de portadas, cada una prometiendo ser la experiencia definitiva. Después de media hora de indecisión, terminas viendo lo de siempre o, simplemente, apagas la pantalla. Este malestar, tan característico de nuestra época, es el síntoma de una patología social crónica.

Para descifrar esta paradoja contemporánea, pocos faros iluminan con tanta lucidez como el de la filósofa, socióloga y jurista eslovena Renata Salecl. Miembro de la influyente Escuela Eslovena de Psicoanálisis, junto a figuras como Slavoj Žižek, Salecl utiliza las herramientas de la teoría crítica y el psicoanálisis lacaniano para diagnosticar con una precisión quirúrgica las ansiedades que nos constituyen en la era del capitalismo neoliberal. Su obra nos invita a cuestionar si la libertad de elección, es realmente una liberación o una sofisticada forma de tiranía.

Renata Salecl

Salecl ilustra esta «tiranía de la elección» con un experimento clásico: si en un supermercado se ofrecen diez tipos de mermelada, es probable que compremos una; si se ofrecen cien, es muy posible que nos marchemos sin ninguna. La sobreabundancia no maximiza nuestro bienestar, sino que nos paraliza, genera un miedo constante a equivocarnos y un arrepentimiento por las opciones descartadas.

Para ahondar en el análisis de Salecl y entender por qué esta dinámica nos afecta de un modo tan visceral, es necesario asomarse a la caja de herramientas teóricas que comparte con pensadores como Žižek: el psicoanálisis de Jacques Lacan.

Jacques Lacan

El «Gran Otro» es el término que usa Lacan para describir el orden simbólico: el espacio de la cultura, el lenguaje, las leyes y las expectativas sociales en el que nacemos. Es una estructura impersonal que nos preexiste y nos moldea. Gran parte de nuestra ansiedad existencial proviene de una pregunta inconsciente dirigida a esta entidad: «¿Qué quiere el Otro de mí?» o, dicho de otro modo, «¿quién soy yo para la sociedad, para mi familia, para mi pareja?». Intentamos descifrar sus demandas para encontrar nuestro lugar, pero la respuesta es siempre esquiva.

Para Lacan, el deseo no es la simple búsqueda de un objeto que nos satisfaga (un coche nuevo, una pareja, un ascenso). El deseo es un movimiento perpetuo que surge de una «falta» estructural en el ser. El objeto que parece colmar ese deseo es, en realidad, un señuelo. La verdadera causa del deseo es lo que Lacan llamó el objet petit a: un vacío, un resto inalcanzable que los objetos de consumo intentan (y siempre fracasan en) llenar. No es la rosquilla, sino el agujero en la rosquilla: el vacío alrededor del cual nuestro deseo circula sin fin. Por eso, una vez obtenemos lo que creíamos desear, el deseo se desplaza hacia otra cosa, en un ciclo imparable.

Las aplicaciones de citas, según Salecl, comercializan el amor bajo la lógica de la elección. Al presentarnos un carrusel infinito de perfiles, un mercado que ofrece una serie inagotable de potenciales objets petit a, eliminan la serendipia —ese encuentro fortuito e inexplicable— y nos colocan en una posición de perpetua evaluación. El ciclo del deseo se vuelve así interminable y, en última instancia, insatisfactorio. Esto, advierte Salecl, cambia la pregunta fundamental del amor. Ya no nos preguntamos «¿amo yo a esta persona?», sino que la ansiedad se centra en «¿soy yo lo suficientemente bueno para ser amado?». Es una apelación directa al Gran Otro —el mercado digital percibido— en busca de una validación que nunca llega a ser completa.

La mercantilización de los afectos genera una crisis de soledad, de la que surgen nuevos fenómenos sociales como respuesta y síntoma:

Incels (célibes involuntarios)
Hombres que, sintiéndose excluidos del «mercado» sexual y afectivo, desarrollan un profundo resentimiento.

Femcels
Mujeres que, en un gesto de rechazo a la «mirada masculina» (male gaze) y a la exigencia de ser un objeto sexualmente deseable, renuncian a participar en esta cultura.

Amigos por IA
La aparición de aplicaciones que ofrecen «amigos» de Inteligencia Artificial para combatir la soledad no deseada, una solución tecnológica a un problema social que, paradójicamente, a menudo aumenta la ansiedad de sus usuarios.

Salecl también sostiene que el «cansancio» con la política tradicional, la corrupción endémica y la falta de alternativas reales es uno de los motores principales del auge de líderes como Javier Milei. Cita el caso de un emprendedor argentino que, a pesar de considerar a Milei «un loco», decidió votarle bajo la premisa de que «era mejor arriesgarlo todo que seguir en lo mismo». Este voto no nace de la adhesión ideológica, sino de un profundo agotamiento.

Este tipo de líderes, señala Salecl, no solo son maleducados, sino que defienden abiertamente la obscenidad como una forma de autenticidad. Al hacerlo, otorgan un permiso simbólico a sus seguidores para abandonar las normas de cortesía. Su retórica transgresora y a menudo dolorosa les ofrece una forma de goce: un placer que nace precisamente de romper las reglas educadas pero frustrantes del orden simbólico (el establishment político). Este goce daña gravemente el tejido social. El ejemplo de una mujer en el metro de Turquía que, tras pisar a otra, le grita «¿Cómo osa poner su pie bajo mi tacón?», ilustra a la perfección esta inversión de la responsabilidad y el colapso de la civilidad básica.

Javier Gerardo Milei

El psicoanálisis habla de una «pasión por la ignorancia». No se trata de estupidez, sino de un deseo activo (consciente o inconsciente) de no saber, de cerrar los ojos ante verdades dolorosas o realidades que nos generarían una ansiedad insoportable. Este «no querer saber» es una defensa directa contra la ansiedad abrumadora producida por las demandas del Gran Otro. Esta ignorancia puede ser una estrategia personal, pero también existe, como advierte Salecl, una «ignorancia estructural» mantenida por el poder: las empresas tecnológicas o los Estados no quieren que sepamos cómo funcionan los algoritmos que moldean nuestra vida.

El diagnóstico de Renata Salecl es contundente: la ideología de la elección individual y la promesa capitalista de erradicar toda ansiedad y malestar son, precisamente, las principales fuentes de nuestro sufrimiento contemporáneo. La idea de que podemos poner fin a la ansiedad nos causa, paradójicamente, más ansiedad.

La salida no pasa por encontrar la «elección correcta» o una nueva app que nos prometa la felicidad. Pasa, en cambio, por aceptar que la ansiedad es una condición humana fundamental e, incluso, protectora. Como señalaba Freud, la ansiedad nos alerta de futuros peligros.

El primer paso para liberarnos de la «tiranía de la elección» es, por tanto, un cambio de enfoque: empezar a analizar críticamente las estructuras sociales, económicas e ideológicas que nos exigen ser empresarios de nosotros mismos. Solo al reconocer que nuestra ansiedad es compartida podremos pensar, colectivamente, en cómo construir un mejor mundo.

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