En su tratado Introducción al pensamiento complejo, el filósofo Edgar Morin argumenta que la civilización occidental mira el mundo a través de un sutil velo de engaño, al que denomina «paradigma de la simplificación», lo cual no es más que esa insensatez de pretender juzgar y explicar la cualidad de un organismo o de una obra de arte fijándose solamente en las partes que lo componen, ignorando el encanto que desprende su asociación. De este modo, la ciencia moderna ha fraccionado el saber en mil escuelas y disciplinas aisladas.
Nos advierte el autor que no debemos confundir lo complejo con aquello que resulta enrevesado, confuso o fastidioso de entender. Dicho vocablo proviene del latín complexus, que significa «aquello que ha sido tejido». Defiende que un fenómeno es complejo cuando su comprensión exige relacionar múltiples dimensiones y no puede reducirse a una sola explicación, sus hilos —ya sean físicos, anímicos o sociales— están tan enredados que al separarlos se rompería el tejido.

A fin de sanar la fractura del pensamiento excesivamente reduccionista, nos propone tres reglas de oro:
- El principio dialógico sugiere que dos ideas en apariencia enfrentadas o contradictorias pueden, en el fondo, ser compañeras inseparables y llegar a fundirse la una con la otra. Esto no pretende zanjar la disputa mediante un pacto, sino asumir que los opuestos se retroalimentan. Por tanto, el orden y el desorden no son irreconciliables; al contrario, del caos de las cosas nace, muchas veces, su sosiego.
- El principio de la recursividad organizacional da la espalda al dogma de que la causa precede siempre al efecto, como el buey que va delante del arado. Nos viene a decir que en este plano lo engendrado es, a la par, engendrador de aquello que le dio la vida. Se ve a las claras en las personas, que con sus relaciones cotidianas alientan la permanencia de la sociedad; y es esta misma sociedad la que moldea y hace a la personalidad, en un bucle sin fin.
- El principio hologramático va un paso más allá de la mera idea de que la parte es una porción del todo. Lo que sostiene es que el todo está presente en cada una de sus partes. Así se observa, por ejemplo, en la carne animal, donde una sola célula contiene el mapa genético del organismo entero. Y cada ser humano lleva en sí la lengua, la cultura, la historia y muchos de los rasgos de la comunidad a la que pertenece.
Morin sostiene que las desgracias que nos azotan son cambiantes y complicadas. Sin embargo, los gobernantes y los académicos siguen actuando con una mentalidad limitada y dividida. No basta con acumular datos en la memoria, es urgente transformar nuestra forma de pensar para que aprendamos a orientarnos en medio de la incertidumbre y la desconfianza.

Él pone en duda que nuestro conocimiento sea un reflejo fiel y exacto de la realidad. Al fin y al cabo, cualquier saber es una interpretación y una reconstrucción que el cerebro hace de los estímulos que nos llegan del exterior. Y como en toda traducción siempre existe el riesgo de malinterpretar, este proceso está plagado de errores e ilusiones, por ese motivo debemos ser precavidos y andar con tiento, para rectificar cuando sea necesario.
En este orden inestable, los esquemas decadentes y las leyes dictadas con arrogancia suelen acabar en fracaso, porque la fortuna da vueltas a cada hora. El pensamiento complejo nos exige obrar por pura estrategia. La estrategia traza un camino, pero tiene el buen juicio y el talante de enfrentar con cordura a las nuevas circunstancias o al viento que sopla de manera imprevista.
La tesis central de esta Introducción al pensamiento complejo es que la existencia es un tejido indisociable de elementos de lo más variopintos, bordada con hilos de muy distinta naturaleza, y que para discernirla debemos quitarnos de una vez las anteojeras que nos nublan la vista. Morin nos anima a que cohesionemos los saberes y nos fijemos bien en el dónde y el cuándo de las cosas, porque ir con miras estrechas y quedarse solo en la superficie puede acabar por disminuir nuestras posibilidades de plenitud. La crítica no va contra la especialización en sí misma, sino contra la incapacidad de volver a relacionar los conocimientos obtenidos y comprender sus vínculos.

Nota: Este artículo es una recreación literaria inspirada en el libro.




