Sin cicatrices no hay credibilidad: el principio central de Jugarse la piel

“Jugarse la piel… actúa como filtro e identificador de porquería; es decir, detecta la diferencia entre teoría y práctica, entre conocimiento real y conocimiento cosmético, y entre la academia (en el mal sentido de la palabra) y el mundo real. Para decirlo en forma de principio: en el ámbito erudito no hay diferencia entre la academia y el mundo real; en el mundo real sí que la hay.” 

—Nassim Nicholas Taleb, Jugarse la piel.

Jugarse la piel: Asimetrías ocultas en la vida cotidiana es la culminación de Incerto, la gran serie que Nassim Nicholas Taleb dedicó a la incertidumbre, el azar y la toma de decisiones a lo largo de volúmenes como ¿Existe la suerte?, El cisne negro, El lecho de Procusto y Antifrágil. En esta entrega final, el autor reflexiona sobre un axioma que recorre todos sus ensayos, la relación entre riesgo, responsabilidad y veracidad.

​El concepto de jugarse la piel no se reduce a tener un burdo interés en el resultado, significa asumir las consecuencias negativas de las decisiones propias. Cuando quienes deciden no soportan el costo de sus errores, separando con rapiña sus ganancias de las pérdidas ajenas, surge una asimetría dañina que corrompe la ética, debilita los sistemas y distorsiona el conocimiento.

​El autor parte del mito de Anteo, cuya fuerza dependía de mantener contacto con la tierra. Del mismo modo, asegura que el conocimiento solo cobra solidez cuando se arraiga en la experiencia mediante el riesgo compartido. Las ideas que no pasan por la prueba de la responsabilidad personal suelen ser vanas, engañosas e incluso peligrosas. A la par de la «regla de oro», suma la «regla de plata» de no hacer a los demás lo que no quisieras para ti, asumiendo siempre el costo si te equivocas.

“Nadie encarna la noción de simetría mejor que Isócrates, un sabio que realizó contribuciones significativas cuando ya tenía más de noventa años. Acuñó incluso una versión más dinámica de la regla de oro: «Compórtate con tus padres como te gustaría que tus hijos se comportaran contigo»…. nos advirtió en el siglo V a. C. de que las naciones deberían tratarse unas a otras conforme a la regla de plata. Como él mismo escribió: «Trata a los Estados más débiles como creas que los Estados más fuertes han de tratarte a ti».”

—Nassim Nicholas Taleb, Jugarse la piel.

Dibujo: Los elefantes africanos muestran mucha empatía, rodearán y apoyarán a un miembro herido del grupo para intentar levantarlo o protegerlo de predadores.

También recupera el antiguo código de Hammurabi como referencia decisiva, pues decreta que si un constructor levantaba una casa que luego se derrumbaba y mataba a su dueño, este debía ser ejecutado. Para Taleb, ahí reside la base de toda ética, definida por la simetría entre beneficio y riesgo. En el mundo actual, esa armoniosa simetría se ha roto. Los banqueros se llevan los bonos cuando las cosas van bien, pero son los contribuyentes quienes asumen las pérdidas cuando el sistema colapsa. Los políticos declaran las guerras, pero son los ciudadanos quienes ponen los muertos.

​El IYI, siglas en inglés para «intelectual pero idiota», es el blanco favorito del pensador libanés. Se trata de esa gente con credenciales académicas de élite, presente entre periodistas, burócratas, académicos y políticos, que cree comprender el funcionamiento del Universo basándose en teorías de salón, pero carece de experiencia real en el terreno, además de no jugarse la piel. A este perfil lo responsabiliza de los desastres de las políticas intervencionistas, las crisis financieras y la mala gestión de riesgos, precisamente porque nunca paga el precio de sus nocivos errores.

“En Antifrágil he demostrado que muchas de las cosas que supuestamente han sido «inventadas» por las universidades en realidad se descubrieron mediante el juego, y más tarde se legitimaron mediante algún tipo de formalización. El conocimiento que obtenemos jugando, a través del ensayo y el error, la experiencia y la acción del tiempo, en otras palabras, mediante el contacto con la tierra, es inmensamente superior al obtenido a través del razonamiento, algo que las instituciones interesadas se han esforzado en ocultarnos.”

—Nassim Nicholas Taleb, Jugarse la piel.

Argumenta, además, que no es la mayoría quien dicta las normas sociales, sino una minoría intransigente. Debido a la asimetría de la complejidad, resulta mucho más fácil para la mayoría adaptarse a las exigencias de una minoría que para esta última ceder ante la mayoría. Ilustra este fenómeno con ejemplos como la comida kosher o halal, presente en prácticamente todos los supermercados pese a que judíos y musulmanes son una fracción minoritaria de la población, así como las restricciones a los alimentos transgénicos: basta con que un 3% o 4% de la población se niegue rotundamente a consumir algo para que el 96% restante termine modificando sus hábitos. Es un planteamiento que se erige como una de las tesis centrales de su análisis sociológico y de teoría de sistemas.

​Taleb desconfía tanto de los profetas televisivos como de los planificadores del progreso artificial; en su lugar, defiende la heurística [1] unida a la sabiduría acumulada en las tradiciones milenarias. Si prácticas como la dieta mediterránea, el ayuno o ciertos preceptos sagrados han perdurado a lo largo del tiempo, se debe a su comprobada eficacia. En esta misma línea, al rescatar la ética antigua de griegos, romanos o diversas tradiciones religiosas, demuestra que las sociedades duraderas siempre exigieron «jugarse la piel» como condición indispensable de dignidad, aun cuando hoy esto sea desestimado por quienes se presumen civilizados.

Portada del libro presentado: Ediciones Paidós, colección Contextos.

[1] En el contexto del pensamiento de Nassim Nicholas Taleb (y de la ciencia cognitiva en general), la heurística se refiere a reglas prácticas, atajos mentales o métodos empíricos que la humanidad ha desarrollado y conservado para resolver problemas complejos sin necesidad de un análisis teórico formal.

  • Nota: Este artículo es una recreación literaria inspirada en la obra.
Scroll al inicio